viernes, 31 de mayo de 2019

Circuito ligero como una pluma

Semeja un tejido sacado de un sueño: fino y ligero como una pluma, flexible como un chicle, virtualmente indestructible y, a pesar de lo precedente, portador de un circuito integrado que le deja ejecutar todo género de funciones electrónicas. Martin Kaltenbrunner y sus colegas de la Universidad de Tokyo, que terminan de inventar esa especie de alfombra mágica del tamaño de la palma de tu mano, prevén para ella un potosí de aplicaciones médicas y tecnológicas, como sistemas de monitorización y tratamiento de pacientes crónicos, una nueva generación de pantallas para móviles o bien tabletas y –tal vez lo más importante— el diseño de células solares mejoradas.

El nuevo circuito tiene un espesor de solo 2 micras (milésimas de milímetro), y si fuera posible mirarlo de canto resultaría literalmente invisible para el ojo humano (una célula biológica habitual mide unas 10 micras). La comparación con una pluma no es gratuita: el circuito pesa tan poco que verdaderamente flota por el aire como las plumas de los pollos. Lo puedes estirar –hasta el 230% de su longitud— y plegar sin que se rompa, asimismo arrugarlo como un alegato errado, y marcha bien aun en condiciones tan calientes y húmedas para agriar la vida a un ‘Homo sapiens’. No se trata de un anuncio: se presenta con todos y cada uno de los honores en la gaceta ‘Nature’.

Como un ejemplo de sus aplicaciones más inmediatas, Kaltenbrunner y sus colegas prueban que el ‘circuito-pluma’ puede amoldarse como un guante a un modelo tridimensional del paladar humano –sin olvidar ni uno de sus pliegues o bien irregularidades— y marchar allá como un preciso detector táctil. No no hay duda de que ese artefacto específico pueda valer para maldita de Dios la cosa, mas da una idea del género de inconveniente bastante difícil que puede solucionar un material tan ligero y dúctil.

“Nuestro trabajo presenta una plataforma que hace a la electrónica virtualmente indestructible y también imperceptible”, escribe Kaltenbrunner en ‘Nature’. “Sus costos de fabricación son potencialmente bajos, y la ‘electrónica imperceptible’ puede ser en el futuro tan común como es el día de hoy el largometraje de plástico de la cocina”.