viernes, 31 de mayo de 2019

De qué manera la disciplina del sueño influye en el desempeño académico

Es frecuente sacrificar horas de sueño (y trastocar los hábitos en el momento de dormir) cuando se acrecienta el ahínco académico, como por poner un ejemplo en temporada de exámenes.
Para estudiar más no es ventajoso sacrificar el reposo nocturno y, menos, hacerlo ya antes de un examen, tal como explican desde Eroski Consumer. A la inversa, acostumbra a ser contraproducente, en tanto que el desempeño inmejorable se consigue cuando hay un equilibrio entre las horas dedicadas al estudio y a dormir, conforme los resultados de un trabajo reciente llevado a cabo en la Universidad de California en la ciudad de Los Ángeles.

Investigaciones precedentes ya habían constatado que lo aprendido se retiene mejor si se duerme inmediatamente después de hacerlo. Un trabajo de la Universidad estadounidense de Notre Dame señalaba que la memoria de lo aprendido era superior en los que habían dormido inmediatamente después de estudiar, respecto de los que habían estudiado tras un día de vigilia.

Otro estudio presentado a lo largo de la asamblea anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, en 2010, llevado a cabo por estudiosos de la Universidad de California en Berkeley, confirma que una de las primordiales funciones del sueño es la de «limpiar» la memoria en un corto plazo para dejar lugar libre para más información.

Conforme el análisis, los recuerdos de los hechos del día se guardan de forma temporal en el hipocampo y después se mandan a la corteza prefrontal, que probablemente disponga de más capacidad. Los autores concluían que una noche sin dormir puede reducir la capacidad de digerir conocimientos en prácticamente un 40%, en tanto que las zonas cerebrales implicadas en el almacenamiento no marchan correctamente a lo largo de la carencia de sueño.

Las mejores horas para estudiar y dormir

Muchas de las personas que estudian de noche afirman hacerlo pues se concentran mejor, rinden más y tienen menos interrupciones y distracciones. Un trabajo de 2008 del Centro de salud Quirón de Valencia desbancó esta arraigada costumbre en muchos pupilos. Las conclusiones de la investigación señalaban que las mejores horas para estudiar se ubican alrededor del mediodía y entre las cuatro y las cinco de la tarde. En verdad, muchos especialistas aseguran que el periodo de máximo aprovechamiento coincide con la mañana, mengua durante la tarde y, sobre todo, de la noche, con lo que resulta conveniente trabajar la mayoría de la materia al principio del día y dejar el repaso o bien la labor más simple para la última hora de la jornada.

Para determinar estas horas, los estudiosos valencianos se fundamentaron en el reloj biológico de 632 pequeños. Desde este ritmo circadiano, fijaron las horas de mayor y de menor concentración. Conforme los especialistas, y si bien podría parecer lo opuesto, las primeras horas del día no son las más convenientes para el estudio, pues todavía se está bajo los efectos del sueño (los escolares del trabajo mostraron grandes contrariedades para sostenerse lúcidos). También, el informe destacaba que aun las personas que duermen 8 horas al día no manifiestan una mayor capacidad de atención a lo largo de las primeras horas.

Alén del reloj biológico, hay otras razones por las que se deben eludir las últimas horas del día para el estudio:

El cerebro está fatigado y trabaja con menor desempeño. Tomar estimulantes para sostenerse despierto crea una falsa sensación de estar despierto, mas realmente el cerebro no está en el mejor estado para retener.

Es bastante difícil dormir bien tras estar sometido a la presión del estudio o bien tras haber tomado algún estimulante. Y si no se descansa bien, es bastante difícil rendir el día después. Lo ideal es acostarse relajado, sin tensiones y con el trabajo hecho.

Estudiar a la primera hora de la tarde deja dar contestación a cualquier imprevisible, por poner un ejemplo, que una materia resulte más difícil de lo que uno se pensaba.