viernes, 31 de mayo de 2019

¿De qué manera marcha la ansiedad crónica?

El temor se apodera de ti. Comienzas a sudar frío, a tremer. Suben las pulsaciones y experimentas malestar físico. Sientes que no puedes respirar y la cabeza no para de tener pensamientos sobre todos y cada uno de los posibles escenarios negativos -fatalistas- que pueden acontecer si das un paso.

Esta es la ansiedad en su expresión máxima.

Se trata de un trastorno que puede tomar el control de la vida de una forma tal que impide que quien la sufra salga de casa, trabaje o bien, aun, duerma.

Más o menos una de cada 14 personas en el planeta experimenta ansiedad en algún instante. Aunque esta afección puede ser leve, cuando se manifiesta de una manera extrema, evita que quien la padece lleve una vida normal.

Scott Stossel, escritor y editor de la gaceta estadounidense The Atlantic, consiguió a lo largo de bastante tiempo sostener su ansiedad en secreto, mas al final fue tan aguda que prácticamente se pierde su boda.

Como escritor, las giras para promocionar sus libros son una fuente tan agobiante que decidió redactar uno sobre esta condición: The Age of Anxiety (La era de la ansiedad), que resultó en otra no menos agobiante vira.

«Para mí la ansiedad puede ser un sentimiento extendido de preocupación», le explica al programa Health Check de la BBC. «Una preocupación sobre cada posible resultado negativo en el que anticipo lo peor».

Mas Stossel asimismo tiene manifestaciones más serias que se expresan con accesos de pánico. «Es esta inhabilidad de meditar con claridad, comienzas a sudar y a hiperventilar, sientes que no puedes respirar y te aprieta el pecho, y tienes distintos malestares gástricos. Puede ser espantoso y muy incómodo».

Inseguridad

Conforme los especialistas, la ansiedad consiste en una pluralidad de temores que tiene la gente, de los que, uno o bien 2 son más sobresalientes.

«Si bien se trata de un proceso normal que todo el planeta tiene en algún instante, y que es esencial para sostenerte a salvo, la ansiedad crónica es mucho menos común», le afirma a la BBC Nick Grey, sicólogo del Centro para la Ansiedad y Traumas del centro de salud Maudsley en la ciudad de Londres, R. Unido.

«Una definición razonable es la sensación de preocupación, el temor que tiene la gente frente a un resultado incierto», añade.

Mas, ¿qué hace que unas personas padezcan de ansiedad aguda y otras no?

Stossel siempre y en todo momento creyó que sus fobias eran fruto de las preocupaciones de su madre. De ahí que, cuando fue padre, se ocupó bastante en no manifestar sus temores delante de su hija.

No obstante, cuando su hija tenía siete años, exactamente la misma edad en que se comenzaron a manifestar sus fobias, las comenzó a desarrollar de una manera muy afín.
«Para mí fue tanto desmoralizador como alucinante ver que algo de este modo estaba en los genes», confiesa.

Mas esto no desea decir que los genes son el único responsable de la ansiedad. Asimismo están las circunstancias de la vida y un componente de suerte.

«Podemos desarrollar ansiedad crónica desde prácticamente cualquier estímulo que esté asociado con algún género de experiencia traumática», apunta Grey.

Ansiedad oculta

Muchas de las personas que padecen de ansiedad acostumbran a esmerarse mucho en disimularla, por temor a que otros lo vean como algo malo.

«Siempre tienen el terror de que descubran su personalidad ansiosa», explica Stossel.
Esto contribuye más a la ansiedad, «porque te esmeras tanto en sostener oculta esa vulnerabilidad que tienes poner mucha energía en ello y eso causa ansiedad adicional», añade el creador.

Claire padece de ansiedad social. Piensa que su trabajo es el desencadenante.
«En mi oficina hay personalidades realmente fuertes, esto no quiere decir que sean malos. Solo que me pone más presión por el hecho de que siento que necesito ser como ellos», cuenta.

Esta mujer, quien no desea ser identificada, explica que al comienzo apreciaba que determinados acontecimientos -como asambleas y comunicaciones- le complicaban dormir de noche. «Hasta que ya no podía dormir en toda la noche por el hecho de que estaba demasiado preocupada».

«Me preocupaba charlar con determinadas personas en la oficina», y comenzó a tener síntomas propios de ansiedad.

Aprender a supervisarla

Aunque la ansiedad no se puede sanar, la buena nueva es que sí se puede tratar a fin de que el paciente aprenda a manejarla.

Claire ha pasado por múltiples tratamientos y toma fármacos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina.

«Hice un curso de terapia de comportamiento cognitivo, lo que me asistió a reentrenar mi cerebro en anular los pensamientos negativos con los más racionales», apunta.
Para sostener los niveles de adrenalina bajos, va al gimnasio 3 veces a la semana.
Si bien el tratamiento que le ha dado los mejores resultados es la terapia de exposición, en la que la persona se expone a situaciones incómodas para adiestrar al cerebro a que no se congele cuando esté ya antes situaciones afines de la vida real.

«Sé que siempre y en todo momento me sentiré inquieta, por el hecho de que es una emoción natural. No es un síntoma de un inconveniente mucho mayor», afirma. «La gente se pone inquieta ya antes de las entrevistas de trabajo, ya antes de un encuentro con un extraño y están bien. Se trata de admitir ese sentimiento».

Stossel está conforme en que la clave para supervisar su ansiedad estuvo en admitirla. «Es parte de lo que soy, así como otros elementos de mi personalidad que pueden ser favorables».

«Nosotros asistimos a que nuestros pacientes a percatarse que ciertas cosas que hacen para ‘salvarse’ de una situación que creen peligrosa son seguramente innecesarias», explica por su lado Grey.

El sicólogo añade que cuando uno tiene un ataque de ansiedad es más siendo consciente de sí mismo y presta menos atención a lo que le circunda, algo que puede ir en contra tratándose de una auténtica situación de riesgo.

«Hay que asistirles a llevar su atención cara afuera, en el planeta real, en lugar de hacia ellos».