viernes, 31 de mayo de 2019

El síndrome del desamor

Los recuerdos que tengo de la primera fase de mi niñez están conectados a la colores, sabores, sonidos, aromas que hasta hoy procuro: la guayaba roja, guapurú o bien jaboticaba, adquirir maria-mole de chocolate en la panadería, helado de crema holandesa, el fragancia de las hojas de eucalipto tras la lluvia. Yo podía jugar en la calle con mis primos, mojarnos con la manguera, ocultarme en el patio, jugar al escondite, saltar a la comba, quedarme en la plaza hasta anochecer…

Yo sé que para ciertos pequeños eso todavía es posible, para una limitada minoría, mas lo cierto es que esa clase de niñez va desapareciendo con el avance de la tecnología, con la sensación de incesante riesgo, la violencia que muestra con letras gigantes la depreciación del humano.

Yo no estoy contra la tecnología, al contrario, hago buen empleo de ella ☺, como redactar ese texto a fin de que pueda leerlo en cualquier una parte del planeta. Lo que me amedrenta es el género de conexiones que crea, y meditar en lo pueda venir después.

Usted ya comprendió que las redes sociales pueden transformarse en una trampa para facilitar relaciones irreales, donde es más simple ser admitido y apreciado por extraño que conquistar amigos de veras. Un planeta sin sacrificios.

Mis ojos se abrieron el día en el que estaba sola, en camino al súper, y paré en una confitería. Cuando me senté a tomar mi café, y miré alrededor, y me di cuenta del silencio… Todos con la cabeza baja, con sus smart phones. Aun en las mesas donde estaban sentadas juntas múltiples personas, absolutamente nadie charlaba, absolutamente nadie se miraba.

Tras ese día comencé a prestar más atención a mí, mis actitudes, pues el síndrome del desamor puede lograr a prácticamente todos.

Esto requiere un esmero diario, como todas y cada una de las relaciones perdurables. Por el hecho de que puede aun enviar un sms a su hijo diciendo que lo ama, mas si puede hacerlo personalmente, es considerablemente más humano como por poner un ejemplo decírselo con un beso por la mañana…

Tras todo, el amor se hace más fuerte cuando se entrelaza. Piense en una trenza: para formarse es preciso un contacto directo entre las 3 partes, que deciden proseguir unidas a fin de que se hagan inacabables.