viernes, 31 de mayo de 2019

La cámara que capta olores

«Acababa de finalizar mi licenciatura en la universidad de St. Martin en el momento en que me comencé a interesar en de qué forma sería posible guardar los recuerdos de alguna manera que no fuera visual. En la red de redes y en las redes sociales estamos tan invadidos por fotografías, vídeos,  etc… que en ocasiones semejan perder valor», comento Amy Radcliffe, la autora de la idea (que llama «scentografía»).

La idea de Amy es lograr captar con un aparato olores que puedan ser transferidos a una suerte de ampolla, que entonces va a poder ser abierta y olida en otro instante y en otro sitio. «Buscaba algo con un tanto más de valor, algo no tan común como una imagen, y entonces me hallé con los olores, que son capaces de provocar una contestación sensible muy intensa», apunta. Y todo esto se logra con un proceso que no es exactamente nuevo.

Una tecnología no tan nueva

La tecnología que torna posible la idea de Amy es famosa como tecnología «headspace», que data de los años 80 y que se utiliza para atrapar olores de ciertos entornos y traspasarlos a lugares controlados. Con este principio esta británica logró fabricar su «cámara» de olores.

El proceso se fundamenta en la cámara propiamente dicha, consistente en una suerte de cubierta de vidrio y un sensor de olores, aparte de un cuerpo de porcelana. La cámara absorbe el fragancia del objeto, que se pone bajo la cubierta de vidrio.

Los olores pueden ser guardados en pequeñas cápsulas.

El sensor de olores, que está sobre la cámara, contiene una resina singular que retiene el fragancia y que va a ser más tarde transportado a un laboratorio para ser analizado y de esta forma poder ser reconstruido sintéticamente. Hecho esto el fragancia va a poder ser guardado en un pequeño frasco. «La idea es que el frasco se use una sola vez, en tanto que los olores tienen menos resistencia que otros recuerdos, en el sentido de que si lo pudiera guardar para recordarlo una y otra vez al final ese fragancia perdería su significado para mí», apuntó Amy.

Olores adaptados

La magdalena de Proust seguramente no significaría nada para cualquier mortal que no sea el narrador, de ahí que las muestras con las que trabaja Amy son de olores personales. «Intentaremos guardar olores orgánicos, que son los más susceptibles y los más simples de captar, mas el inconveniente es que cada uno de ellos de ellos significa algo diferente para cada persona.» Caso de que la «cámara» se desarrollara de manera comercial las cápsulas de recuerdos deberían tener un claro significado para el que la huele.

Mas si funcionase, como la magdalena, podría provocar al que la oliera una contestación sensible intensa, una Epifanía que no pudiera ser despertada de ningún otro modo, un pedazo de nuestra vida que ninguna fotografía podría devolvernos de exactamente la misma forma. Ni tan siquiera una fotografía de Instagram.