viernes, 31 de mayo de 2019

¿La tecnología arruinó la escritura a mano?

Cronquist, el día de hoy de 26 años, con el tiempo aprendió a emplear su mano izquierda para redactar cadenas de palabras. Mas al efectuar trabajos en computadora a lo largo de la universidad y después seleccionar una carrera de raíz tecnológica, su escritura a mano fue cada vez menor y redactar en cursiva se volvió algo incómodo y doloroso.
Escogió mudar y redactar en imprenta con la diestra y firmar su nombre con la izquierda.
“Creo que ni tan siquiera sé de qué forma redactar en cursiva”, asegura Cronquist, que el día de hoy vive y trabaja en Laos.

La tecnología aumenta permanente la velocidad de las comunicaciones, en ocasiones adelantando las palabras antes que nuestros cerebros manden las señales a nuestros dedos. Mas los especialistas afirman que la escritura a mano es sacrificada por el bien de la tecnología. Personas como Cronquist afirman que el día de hoy se comunican tanto por medio de computadoras, teléfonos y tabletas que raras veces encuentran precisa la escritura manuscrita.

La tendencia está apoyada por un estudio del 2012 que descubrió que el 33% de las personas consultadas tenía contrariedades para leer su escritura a mano. Docmail, una compañía británica de impresión y envío por correo, efectuó la investigación y concluyó que uno de cada 3 participantes no había debido generar algo escrito a mano durante más de 6 meses. Asimismo encontró que las personas cada vez emplean más la tecnología para actualizar calendarios, agendas y recordatorios.

Por último, más de la mitad de los participantes afirmó que su escritura a mano era cada vez peor. La situación de la escritura manuscrita en E.U. tampoco es mucho mejor, señala Wendy Carlson, una especialista en escritura a mano y también estudiosa de documentación forense. Carlson mantiene que la trágica caída de la escritura a mano está ocasionando un “gran” deterioro mental.

“La gente ya no emplea su psique y se apoya en la tecnología para tomar decisiones”, asegura.

Carlson afirma que la escritura en cursiva combina procesos físicos y mentales que implican a los dos hemisferios del cerebro. Añade que observa que el número de personas que escriben en cursiva reduce frente al robusto avance de la tecnología.
“Si estás tecleando, solo golpeas el teclado y moviendo los dedos”, señala. “Estás pensando poquísimo pues ya no le dejas a tu cerebro llenar procesos neurales”, agrega.

Jan Olsen, creadora y presidente de Handwriting Without Tears, una compañía que crea guías de caligrafía y libros de ejercicios para maestras y estudiantes desde jardín hasta el quinto grado. Afirma que la escritura a mano, singularmente la cursiva, es vista por muchos como algo viejo.

“La única razón para redactar algo es para recobrarlo después”, señaló. “Por eso es preciso que sea legible”, añadió.

El Washington Blog post notificó en el mes de abril que 45 estados habían adoptado estándares centrales comunes para la educación. Estos, no obstante, no incluyen el requisito de aprender a redactar en cursiva.

En otras palabras, muchos pequeños están medrando sin aprender el muy elegante y circular estilo que fue obligatorio para sus progenitores y abuelos.

Pensando a futuro, va a depender de cada estado incluir o bien no el requisito de la cursiva y después de los distritos escolares transformarlo en una parte central del currículo. Estresados por los recortes presupuestarios, probablemente muchos estados y distritos opten por que los estudiantes tecleen en lugar de redactar.

Olsen, de 72 años, asegura que los estilos de escritura tecnológica y escritura a mano chocan.

Mas la ironía es que Olsen, que se comunica por medio de su iPhone, afirma que Handwriting Without Tears debe apostar a la tecnología para ser competitiva. Aparte de sus libros de ejercicios, la compañía ofrece una guía de enseñanza electrónica y una aplicación.

Francis Smith, un trabajador bancario que vive en Gibraltar, mantiene que si bien la tecnología deja comunicación instantánea, guarda añoranza por la permanencia y tangibilidad de la escritura manuscrita.

“Si no hay electricidad, la tecnología no funciona”, afirma. “Los cuadernos nos han servido por miles y miles de años”, añade.

Tras 23 años tecleando en una computadora, Smith el día de hoy procura recobrar su cursiva, si bien acepta que le cuesta. Cronquist, por su lado, está feliz de que su letra imprenta resulte inteligible.