viernes, 31 de mayo de 2019

Una siesta nos deja alarmas y vitales

Probablemente le ha pasado: tras comer, se siente agotado y con la necesidad de dormir. No se angustie, siempre que haya pasado una buena noche, es normal.

Para empezar, es preciso aclarar que el humano tiene 2 periodos de sueño: el mayor y el menor. El primero está relacionado con la oscilación entre luz y la obscuridad. Generalmente, consta de 5 etapas, que regulan el sueño desde el momento en que la persona se acuesta en la noche hasta el momento en que se levanta en la mañana.

El segundo periodo -menos conocido por la gente-, coincide con el alimento del medio día.

Conforme con Miguel Dávila, neurólogo especialista en el sueño, ahora «la temperatura del cuerpo es más alta, y hay una tendencia a una pequeña profundización. Ese estado nos hace menos eficientes: es precisamente por esto que procuramos el reposo o bien la famosa siesta».

Tomar una siesta trae múltiples beneficios para la salud y para el desempeño de las personas. Cuando menos de esta forma lo confirman especialistas en la materia y un sinnúmero de investigaciones.

Una de las más recientes fue efectuada el año pasado por la Universidad de Berkeley, en U.S.A.. Esta pesquisa se efectuó con 39 adultos jóvenes, a los que se dividió en 2 grupos: los que dormían la siesta y los que no. Cara medio día todos y cada uno de los participantes efectuaron una prueba de aprendizaje. Entonces, a las 6 de la tarde, hicieron otra prueba. Quienes pudieron dormir una siesta tuvieron una mejor capacidad resolutiva, equiparada con los que no durmieron.

Mas allá no paran las ventajas. Una investigación del Allergheny College de Pennsylvania, en U.S.A., probó que una siesta diaria hace que reduzca la presión arterial de quienes están sometidos a altos niveles de agobio.

Los estudiosos escogieron a 85 universitarios que dividieron en 2 conjuntos. A ciertos estudiantes se les dejó tomar una siesta. Paso seguido, tanto los que durmieron como los que no, completaron unos cuestionarios para valorar su calidad del sueño y se les midió su presión arterial y ritmo cardiaco.

Aquellos que tomaron la siesta tuvieron una presión arterial y un ritmo cardiaco menor; lo que, a juicio de los estudiosos, prueba que un periodo corto de sueño puede asistir en la restauración cardiovascular tras una situación agobiante.
A este respecto, Miguel Dávila explica que el cerebro precisa de una breve pausa y que reposar puede contribuir a la relajación, lo que contribuye a progresar la concentración.

El especialista destaca, además de esto, que «una siesta, en promedio, debe perdurar 20 minutos, si bien hay personas que la toman de más y les marcha. Eso sí, no se debe hacer a las 6 de la tarde, pues se echa a perder el proceso de acumulación homeoestática (mecanismo biológico para sostener el equilibrio en el organismo), que es la que nos hace dormir bien a lo largo del periodo mayor».

Pasa que bastantes personas le escapan a la siesta pues consideran que no van a poder conciliar el sueño en la noche. En ese sentido, Sara Mednick, científica y también estudiosa de Harvard, explica en su libro ¡Toma una siesta! Cambia tu vida, que «no hay patentiza que pruebe que una siesta al medio día dañe el sueño de la noche. En verdad, existen estudios que verifican que la siesta puede progresar la habilidad para dormir de noche».