sábado, 1 de junio de 2019

Auriculares pueden ser el peor oponente de la memoria

A muchos adolescentes les agrada percibir música a todo volumen, aun mientras que estudian, una costumbre que ha sido criticada por progenitores a lo largo de generaciones.
Ahora científicos en Argentina probaron que nuestros progenitores tenían razón: por medio de un experimento usando ratas verificaron que los ruidos fuertes pueden afectar la memoria y los mecanismos de aprendizaje en animales en desarrollo.

El trabajo, que fue publicado en la gaceta Brain Research, se efectuó usando roedores de entre 15 y 30 días, una edad equivalente a chicos de entre seis y 22 años.
«Usamos ratas por el hecho de que tienen un sistema inquieto similar al de los humanos», explicó a BBC Planeta Laura Guelman, organizadora del proyecto y también estudiosa del Centro de Estudios Farmacológicos y Botánicos (Cefybo), de la Universidad de la ciudad de Buenos Aires (UBA).

Los científicos expusieron a los animales a ruidos con intensidades de entre 95 y 97 decibeles (dB), más altas que lo considerado un nivel seguro (70-80 dB) mas bajo el sonido que genera un concierto de música (110 dB).

Y descubrieron algo novedoso: tras 2 horas de exposición, las ratas padecieron daño celular en el cerebro.

Las perturbaciones se generaron en la zona del hipocampo, una zona asociada a la memoria y los procesos de aprendizaje.

«Esto sugiere que lo mismo podría acontecer en humanos en etapa de desarrollo, si bien va a ser bastante difícil de revisar debido a que no podemos exponer a pequeños a esta clase de experimentos», explicó la especialista.

Plasticidad

Ya se sabía que los sonidos fuertes pueden ocasionar perturbaciones auditivas, cardiovasculares y endocrinológicas (aparte de agobio y también irritabilidad), mas Guelman aseveró que es la primera vez que se advierten cambios morfológicos en el cerebro.

«Se podría hipotetizar que los niveles de estruendos a los que se exponen los chicos en las discos o bien escuchando música fuerte por auriculares podría llevar a déficits en la memoria y atención a largo plazo», advirtió María Zorrilla Zubilete, enseñante y también estudiosa de la Capacitad de Medicina de la UBA.

Una de las curiosidades que lanzó este estudio fue que mostró que en los menores una exposición única a un sonido fuerte puede resultar más perjudicial que una exposición prolongada.

A lo largo del experimento se trabajó con 2 conjuntos de ratas: uno fue expuesto una sola vez a 2 horas de estruendos y el otro recibió ese estímulo una vez al día por un par de semanas.

Tras 15 días, las ratas que habían sufrido una sola exposición al principio del experimento mostraron signos más evidentes de daño.

¿De qué forma es posible?

Los científicos lo atribuyeron a la «plasticidad neuronal» a lo largo de los años de desarrollo, cuando todavía se está formando el sistema inquieto.

«Es posible que frente a un estímulo más prolongado el cerebro tenga tiempo de ir reparando sus lesiones», opinó Guelman.
Estruendos blanco

Aunque este estudio resulta alarmante frente a un panorama donde cada vez es más usual ver a pequeños pequeños escuchando música fuerte por medio de aparatos digitales o bien jugando a estruendosos juegos para videoconsolas, Guelman advirtió que no hay que saltar a conclusiones.

«El sonido que utilizamos para el experimento fue estruendos blanco, una señal que contiene todas y cada una de las frecuencias de sonido, y que se percibe tal y como si fuera el estruendos de un TV mal sintonizado», explicó.

«En cambio la música que escuchan muchos de los chicos contiene solo ciertas frecuencias, y aún no sabemos qué es precisamente lo que causa el daño», aseveró.
Justamente, el próximo trabajo de estos científicos es determinar el «mecanismo molecular» por el que el estruendos llega a afectar las células del hipocampo.

«No sabemos si el daño se produce de manera directa por las vibraciones del estruendos o bien si el sonido activa neurotransmisores que provocan el problema», detalló Guelman.
En el momento en que se comprenda este mecanismo, los especialistas aspiran a poder desarrollar drogas que puedan prevenir estas lesiones.

En tanto, los científicos argentinos estiman que este estudio debería servir como una alarma para eludir la exposición de menores a sonidos fuertes.
Por su lado, los educadores, que se quejaban de de qué manera las nuevas tecnologías distraen a sus pupilos, ahora tienen un nuevo razonamiento para prohibir los odiados gadgets en la clase.