sábado, 1 de junio de 2019

Físico y su hijo crean capa de invisibilidad

La posibilidad de regresar invisible un objeto ha captado en la última década la atención tanto del público por norma general como de la comunidad científica, maravillados unos por personajes de la cultura popular como Harry Potter y animados otros por el interés estudioso y las aplicaciones prácticas que podría ofrecer semejantes dispositivos.

Un buen número de laboratorios de todo el planeta ha efectuado diferentes ensayos con resultados prácticamente siempre y en todo momento sorprendentes. La mayor parte ha conseguido esconder a la vista objetos pequeños en el rango de las microondas, aun en luz perceptible en algún caso. Ciertos emplean la óptica para encorvar la luz en torno a una zona del espacio y otros tiran de metamateriales, substancias sintéticas con propiedades ignotas en la naturaleza.

El último intento lo ha llevado a caboJohn Howell, maestro de Física de la Universidad de Rochester en la ciudad de Nueva York, que ha construido, con la ayuda de su hijo Benjamin, de 14 años, una nueva capa de invisibilidad. El ingenio marcha con espéculos y sorprende por ser de verdad fácil y asequible -padre y también hijo apenas se han gastado 150 dólares estadounidenses (unos 113 euros) en el proceso-, mas es capaz de esconder al ojo humano, en todo el fantasma óptico, algo tan grande como una persona.

En un artículo que han publicado últimamente en ArXiv, un fichero on-line de bocetos de investigaciones científicas, Howell y su hijo explican la manera en la que desarrollaron su dispositivo, del que crearon 3 modelos diferentes. Y no puede ser más básica. No hay metamateriales inteligentes ni ningún componente muy complejo, sino más bien un atinado camuflaje óptico de lentes usuales -les costaron solo 3 dólares estadounidenses- y espéculos comprados en tiendas de bajo costo que dirigen la luz en torno a la zona del espacio que desean esconder. La técnica, reconoce el físico, puede sonar familiar a los apasionados a los trucos de magia. Los resultados son pasmantes, como puede verse en el vídeo sobre estas líneas, donde Benjamin y su hermano pequeño Isaac desaparecen, de hecho, como por arte de birlibirloque.

Ocultar satélites

En su estudio, los Howell resaltan que el dispositivo es «claramente escalable a grandes dimensiones», uno de los inconvenientes que acostumbran a tener las capas de invisibilidad fabricadas hasta el momento, que pocas veces pueden «tapar» algo muy grande. Mas su ingenio asimismo tiene ciertos inconvenientes.

Seguramente la mayor restricción radica en que marcha solo en una sola dirección, esto es, no oculta el objeto desde todas y cada una de las situaciones del observador, cosa que, por servirnos de un ejemplo, sí han logrado científicos de la Universidad de Texas en Austin con un mantón de invisibilidad hecho con metamateriales. El físico de Rochester cree, no obstante, que este detalle puede no suponer un inconveniente en ciertos usos, como, por servirnos de un ejemplo, para ocultar satélites espía que orbitan la Tierra. Suena prácticamente a ciencia ficción, mas si es de esta manera, seguro que varios gobiernos podrían estar interesados.

Aparte de las ineludibles aplicaciones militares, para qué exactamente va a ser útil en el futuro una capa de invisibilidad aún es imprevisible. Los científicos piensan que estos dispositivos podrían dar buenos resultados en campos como la biomedicina (para esconder las puntas de los microscopios en diferentes frecuencias ópticas, por servirnos de un ejemplo) y en la mejora de células solares, láseres a pequeña escala, cámaras digitales o bien sensores.