sábado, 1 de junio de 2019

Las vacas pueden destruir la capa de ozono

Una de las ideas preferidas de los ambientalistas y los conjuntos “verdes” (los que se especializan en la defensa del entorno), es la de que en la biósfera todo está conectado. No les falta razón, en cierta manera, puesto que las redes que enlazan organismos y entorno, formando los ecosistemas terrestres, son tan complejas que en muchas ocasiones resulta prácticamente imposible pronosticar el efecto que un cambio pueda tener en el resto del sistema. En ocasiones se exagera, claro, como cuando diríase que el aleteo de una mariposa en el país nipón puede desatar un huracán en el Caribe (o bien que la introducción de un gen cambiado puede terminar con la vida en la Tierra).

Mas un caso curioso puede enseñar hasta qué punto los efectos pequeños pueden sumarse para tener consecuencias de dimensiones planetarias.

Como es sabido, las vacas comen yerba, cuyo primordial constituyente nutritivo es la celulosa. Por su parte, la celulosa está formada por miles y miles de moléculas de azúcares simples, unidas en largas cadenas. Para digerir la celulosa, las vacas dependen de la existencia de determinadas bacterias que viven en uno de sus estómagos, llamado rumen. Las bacterias rompen las cadenas de celulosa y dejan que las vacas la asimilen. Mas en los estómagos de las vacas viven asimismo otros géneros de bacterias, los que se nutren de los subproductos de la digestión de la celulosa y generan gas metano.

La producción de metano por bacterias como una parte de la digestión es común entre los mamíferos, incluyendo los humanos. El metano se halla asimismo en los pantanos y como una parte de la descomposición de los tejidos orgánicos, en medios donde no hay oxígeno. Mas además de esto, el metano es uno de los conocidos “gases de invernadero”, que al acumularse en la atmosfera impiden que la radiación infrarroja que se refleja en la superficie terrestre salga al espacio. Esto causa el renombrado calentamiento global, uno de los primordiales inconvenientes ambientales a nivel global (el otro es la destrucción de la capa de ozono). La conexión sorprendente entre lo que pasa en los intestinos de las vacas y las perturbaciones de la atmosfera se manifiesta en el momento en que nos enteramos de que una sola vaca puede generar a diario ¡50 litros de metano!

Tomando en cuenta el enorme número de estos animales que se crían en el planeta (más o menos 1 300 millones), se calcula que la ganadería genera el 15% del metano a nivel del mundo. Y más si se toma en cuenta que año con año se derruyen hectáreas de bosques y selvas para sembrar pastos y dedicar esos terrenos a la ganadería. Con esto, se asesta un doble golpe al entorno, puesto que se suprimen árboles que fijan el dióxido de carbono de la atmosfera (otro gas de invernadero) para transformarlo en celulosa, y se aumenta el número de vacas productoras de metano.
Parecería bastante difícil meditar que la actividad de unas enanas bacterias pudiese ocasionar tanto problema… hasta el momento en que se conocen todos y cada uno de los eslabones de la cadena.